LA UNIVERSIDAD QUE PRODUCE por Heiberg Castellanos y Yolmer Romero
El sector privado y los organismos multilaterales como aliados en la recuperación de la Universidad de Los Andes
Una ...
El sector privado y los organismos multilaterales como aliados en la recuperación de la Universidad de Los Andes
Una reflexión para abrir el debate entre los profesores de nuestra bicentenaria universidad.
Durante años nos hemos acostumbrado a una conversación que empieza y termina en la misma palabra: presupuesto. Falta presupuesto para reparar aulas, para dotar laboratorios, para mantener el transporte, para dignificar el salario del profesor. Y es verdad. Pero queremos proponerle a la comunidad profesoral una conversación distinta, incómoda quizás, pero necesaria: ¿y si además de exigir lo que nos corresponde, empezamos a producir lo que nos hace falta?
No hablamos de renunciar a nada. El Estado tiene una responsabilidad indeclinable con la universidad pública, y esa responsabilidad no se negocia. Hablamos de algo complementario: de dejar de ver a nuestra propia casa de estudios como una institución que solo pide, para empezar a verla también como una institución que ofrece, que sabe, que resuelve, y que por eso puede generar sus propios recursos.
Esta idea es propia de la plataforma de Impulsores por la Transformación Universitaria, grupo al que pertenecemos. Cuando proponemos ecoinnovación, emprendimiento y transferencia de conocimiento, cuando hablamos de generación de ingresos propios y de una gestión administrativa moderna y sostenible, estamos diciendo exactamente esto: que la Universidad de Los Andes tiene un capital inmenso —su gente, su conocimiento, su prestigio— y que ese capital puede convertirse en recursos concretos para su propia recuperación.
El cambio empieza por una idea sencilla: ver al Estado y al sector privado como clientes, no como benefactores. El Estado no tiene por qué relacionarse con la ULA únicamente a través de la nómina; también puede contratar a la universidad para mejorar sus procesos, formar a su personal, resolver sus problemas técnicos. Y el sector privado, lejos de ser una amenaza a nuestra naturaleza pública, puede financiar proyectos de los que todos salgamos ganando. Los organismos multilaterales —una CAF, por ejemplo— financian precisamente proyectos con impacto social como los que la ULA está en capacidad de ejecutar.
Sabemos lo que esta idea puede evocar: la sombra de la privatización, la universidad subordinada a intereses ajenos a su misión. Queremos ser claros al respecto. No proponemos que la agenda académica la fije quien paga, sino que sea la propia universidad, desde su autonomía, quien decida qué proyectos acepta, en qué condiciones y con qué fines. La autonomía no se defiende solo rechazando financiamiento externo; también se defiende siendo capaces de negociarlo desde una posición de conocimiento y de fuerza, sin ceder ni un ápice del criterio académico que nos define.
Permítanos aterrizarlo con dos ejemplos, porque las ideas grandes se sostienen en hechos concretos:
Un organismo multilateral financia un proyecto de investigación. Un profesor jubilado activo lo coordina; profesores investigadores lo ejecutan; nuestros estudiantes participan en la recolección de datos. El proyecto termina dotando de computadoras actualizadas a un laboratorio. Resultado: el estudiante estudia con mejores equipos, el profesor cuenta con recursos para su cátedra y gana dinero por el trabajo realizado, y el organismo logró el impacto social que buscaba. Nadie perdió. Todos ganaron.
Segundo ejemplo: una empresa privada financia la reparación de nuestras unidades de transporte. A cambio, sus empleados obtienen becas para formarse en la ULA y la empresa recibe el resultado técnico que necesitaba. El transporte universitario vuelve a funcionar. Y no costó un solo bolívar del presupuesto.
Fíjense en un detalle que para nosotros es central: en ambos casos, las tres generaciones del profesorado ganan a la vez. El jubilado coordina y sigue siendo motor de la institución. El activo ejecuta y recibe recursos para su trabajo. Y el contratado, tantas veces invisibilizado, va a encontrar un espacio para participar y continuar formándose. Un mismo proyecto nos conecta a todos.
No traemos esta reflexión como una fórmula terminada, sino como una invitación. La autosustentabilidad de la ULA no se decreta desde un despacho: se construye entre todos, con el saber de sus profesores. Por eso convocamos a nuestros colegas —activos, jubilados y contratados— a un foro de discusión donde pongamos estas ideas a prueba, las critiquemos, las mejoremos y las hagamos nuestras.
La Universidad de Los Andes no está condenada a pedir. Está capacitada para producir. Y "discutamos cómo" no puede quedarse en una frase: es momento de conversar abiertamente sobre el tema. Aprovecha el foro virtual de esta página web para poner estas ideas sobre la mesa, someterlas a crítica y construir entre todos una hoja de ruta. Desde ya, invitamos a quienes tengan experiencias, dudas o proyectos concretos que aportar, a escribirnos para ir construyendo la visión común que la universidad necesita.
14 Jun, 2026
La universidad como ancla del cambio: una prioridad estratégica e impostergable para la reconstrucción nacional
Por Angel Jose Andara *
Los procesos de cambio político ya sean transiciones hacia la democracia o transformaciones pro...
Por Angel Jose Andara *
Los procesos de cambio político ya sean transiciones hacia la democracia o transformaciones profundas del orden institucional, representan momentos críticos definidos por la incertidumbre y la redefinición del pacto entre el Estado y la sociedad. En estas coyunturas, el éxito de una reforma no puede depender exclusivamente de acuerdos cerrados entre élites; requiere la movilización de actores que aporten legitimidad, conocimiento y sostenibilidad al nuevo escenario. Es aquí donde la universidad emerge no solo como una institución educativa, sino como el eje estratégico capaz de anclar estas transformaciones en el tiempo,
Para que un Estado se reconstruya con éxito, necesita imperativamente de cuadros técnicos y líderes con un profundo compromiso democrático y capacidad de gestión pública. La universidad es el espacio natural donde se forman estos profesionales que luego ocuparán posiciones clave en la administración y la sociedad civil. Sin embargo, en el mundo actual, esta formación no puede ser estática. Las universidades deben liderar un "salto tecnológico", integrando habilidades digitales y pensamiento crítico para asegurar que el capital humano nacional sea competitivo en una economía globalizada. Así, la educación superior trasciende la capacitación técnica para convertirse en el motor de una ciudadanía activa, informada y plural.
Uno de los roles vitales de los campus es su capacidad de actuar como espacios autónomos de deliberación. Incluso bajo restricciones institucionales, las universidades funcionan como foros donde se cuestionan las narrativas oficiales y se elaboran proyectos alternativos de país. Actúan como un puente esencial que transforma la movilización ciudadana en propuestas institucionales concretas, otorgando racionalidad técnica a las demandas sociales,
Esta producción de conocimiento especializado —en áreas jurídicas, económicas y sociales— es lo que dota al cambio de una base científica, reduciendo los riesgos de la improvisación y fortaleciendo la eficacia de las nuevas estructuras estatales. Además, la reforma de marcos legales debe incentivar la relación entre la universidad y la empresa, convirtiendo la investigación en soluciones industriales y utilizando la diplomacia científica para atraer cooperación internacional.
La relevancia de este papel académico se confirma al observar experiencias internacionales exitosas. En España, tras el franquismo, las universidades fueron
espacios de socialización democrática clave para la Constitución de 1978. En Chile, tras el plebiscito de 1988, los centros académicos permitieron una alta capacidad estatal inicial que favoreció una consolidación gradual. Procesos similares en Europa Central y en Sudáfrica demostraron que la universidad puede ser un centro de crítica intelectual y un espacio fundamental para la reconciliación social y la redacción de nuevas cartas magnas, El patrón es claro: los cambios más estables son aquellos que fortalecen tempranamente su sistema universitario.
Para que la universidad cumpla esta misión, los gobiernos de reforma deben garantizar condiciones mínimas que hoy son, en muchos casos, una urgencia. Esto comienza con una autonomía universitaria efectiva y el cese inmediato de cualquier intento de interferencia ideológica o adoctrinamiento, La libertad académica y la seguridad física y jurídica de docentes y estudiantes son la base de cualquier debate plural.
Asimismo, el financiamiento debe ser suficiente, estable y no condicionado políticamente. La precarización presupuestaria no es un ahorro, sino una limitación directa a la capacidad del país para resolver sus crisis. Por ello, la agenda de cambio debe incluir como prioridad absoluta:
• La recuperación de la infraestructura física y tecnológica de los campus.
• La dignificación de los salarios docentes para frenar el éxodo de talento.
• La vinculación activa de la diáspora académica y científica en la reconstrucción nacional.
En última instancia, el fortalecimiento universitario no es una política sectorial que pueda postergarse; es una inversión estructural en la gobernabilidad democrática. Al ser una forma de infraestructura institucional crítica, su recuperación temprana permite evitar la reproducción de prácticas excluyentes y representa la restitución de derechos ciudadanos. Apostar por la universidad es asegurar que el nuevo orden político sea no solo libre, sino también próspero y sostenible para las futuras generaciones.
Referencias
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Bourdieu, P. (1988). Homo academicus. Stanford University Press. Dahl, R. A. (1989). Democracy and its critics. Yale University Press.
Habermas, J. (1981). The theory of communicative action (Vols. 1–2). Beacon Press.
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Tilly, C. (2007). Democracy. Cambridge University Press.
UNESCO. (2015). Rethinking education: Towards a global common good? UNESCO Publishing.
World Bank. (2017). Higher education for development: An evaluation of the World Bank Group’s support. World Bank.
(*) Consejero universitario ULA Profesor de la Facultad de Ingeniería